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Despuntando desfiladeros Dañinos
Los preparativos comenzaron con sendas actividades, desde el aprovisionamiento de cartografía, planeamiento de las comidas, armado de los aperos y monturas de carga, hasta el modo de transportar la guitarra criolla y el vino. Luego
de luchar contra viento y mareas estabamos listos y dispuestos a realizar lo Luego
de viajar a Comodoro Rivadavia, a 1890 Km. de la Capital, en la costa del
Atlantico, ya es posible sentir una brisa de aire puro que encierra parte de
lo que nos deparaba la Patagonia Andina. De alli partiriamos hacia Lago
Posadas, Santa Cruz, nuestro punto de partida hacia la travesia. Es un
paraje digno de conocer, propio del sur patagónico, con montañas nevadas y
ríos que nacen de ellas para desembocar furiosos en los lagos Posadas y
Pueyrredon. Estas imponentes masas de agua han brindando sus costas a las
antiguas y Aquí tomamos el primer contacto con los que van a ser nuestros mas fieles acompanantes, los caballos. Obtuvimos una tropilla de 5 animales, de los mas variados pelajes, alzadas, edades y por supuesto mansedumbres. Esto es natural ya que son casi como los seres humanos, únicos e irrepetibles. Serian
las 5 de la mañana cuando exaltado en nervios uno de nosotros se levanto
para despertar a los otros tres. La primer ensillada llevaria mas tiempo que
las sucesivas, habia que tomar contacto con recados, bastos, mandiles,
frenos, bosales Al llegar pudimos ver como los gauchos descendian de un bosque de lenga con sus pilcheros colmados de leña, nunca hubieramos imaginado que un caballo podria cargar tanta cantidad de combustible. Luego de la correspondiente presentación nos invitaron a desensillar y a tomar mate, esto siempre mesturado con alguna bebida blanca para engañar el frío cordillerano. Zandobal, Pino y Figueroa fueron nuestros anfitriones, quienes al ayudarnos a desensillar vieron que portabamos la criolla y bastó con una arengada para que surja el más salvaje de los folclores mezclado con un churrasco y vino. El amanacer nos encontro con la boca reseca e hizo que ensillaramos y levantaramos campamento con una tranquilidad digna de la mejor de las resacas. Una vez más la amabilidad interminable de la gente de campo se hacia presente, Don Zandobal esgrimió como escusa que tenia que ir a repuntar unas vacas y nos acompaño unos kilometros adentro, hasta el "Escorial", altiplanicie de piedra volcánica de unos 3000 metros de altura, donde la naturaleza se había despachado con una de las mejores obras de infertilidad, que en algun momento de nuestras vidas, alguno de nosotros hayamos visto. A cada momento el paisaje producía un resquemor en nuestros adentros. |