Despuntando desfiladeros Dañinos



Todo comienza en Bs. As.; corría el mes de noviembre cuando luego de leer una revista de importante tirada dominical, pudimos saber cuales iban a ser nuestras futuras vacaciones de verano. Era la alejada e inhóspita provincia de Santa Cruz, tierra mística de inentrañables aventureros. Eramos cuatro los deseosos de poner a prueba nuestras capacidades, German, Alejandro, Nicolás y Santiago, todos nacidoscabalgata10.JPG (43519 bytes) y criados en la Patagonia, y que por distintas circunstancias estamos en Buenos Aires para realizar nuestros estudios Universitarios. Si bien ya habíamos hecho cabalgatas en el sur, nunca habían sido tan largas y esto nos ponía una vez mas a prueba. Todos teniamos en la mente una sola meta..... llegar. Llegar donde pocos afortunados habian llegado, al Monte San Lorenzo.

Los preparativos comenzaron con sendas actividades, desde el aprovisionamiento de cartografía, planeamiento de las comidas, armado de los aperos y monturas de carga, hasta el modo de transportar la guitarra criolla y el vino.

Luego de luchar contra viento y mareas estabamos listos y dispuestos a realizar locabalgata3.JPG (42526 bytes) que iban a ser las vacaciones mas inolvidables de nuestras vidas.

Luego de viajar a Comodoro Rivadavia, a 1890 Km. de la Capital, en la costa del Atlantico, ya es posible sentir una brisa de aire puro que encierra parte de lo que nos deparaba la Patagonia Andina. De alli partiriamos hacia Lago Posadas, Santa Cruz, nuestro punto de partida hacia la travesia. Es un paraje digno de conocer, propio del sur patagónico, con montañas nevadas y ríos que nacen de ellas para desembocar furiosos en los lagos Posadas y Pueyrredon. Estas imponentes masas de agua han brindando sus costas a las antiguas ycabalgata4.JPG (77196 bytes) mitológicas estancias de la zona.

Aquí tomamos el primer contacto con los que van a ser nuestros mas fieles acompanantes, los caballos. Obtuvimos una tropilla de 5 animales, de los mas variados pelajes, alzadas, edades y por supuesto mansedumbres. Esto es natural ya que son casi como los seres humanos, únicos e irrepetibles.

Serian las 5 de la mañana cuando exaltado en nervios uno de nosotros se levanto para despertar a los otros tres. La primer ensillada llevaria mas tiempo que las sucesivas, habia que tomar contacto con recados, bastos, mandiles, frenos, bosalescabalgata2.JPG (37676 bytes) y cabestros. Estos ultimos serian de vital importancia ya que con ellos atariamos nuestra tropilla en cada campamento planeado. Una vez al ruedo y cuando el sol ya estaba despuntando un cerro, montamos nuestros matungos junto con Santos Navarrete, rasteador parejo de la zona. El nos indicaría el camino en las primeras seis horas de cabalgata. Entre cañadones, barrancos, riscos y pedragales comienza nuestra subida, los buitres no se hicieron esperar. Llego la hora de la despedida, teniamos planeado matizarla con una comida al paso. A mitad del entrevero, y con la garganta seca de tortas y embutidos, nuestro camarada Don Navarrete desenfundo, como quien no quiere la cosa, un "bota" pero no de calzado presisasmente. Degustamos su sabroso vino entre comentarios y recomendaciones. Continuamos ya solos con la inmensidad del paisaje hacia nuestro primer paraje, el puesto "Kubaseck". Luego de mounstrosas subidas y bajadas arribamos por un gran valle fértil del rio Tarde, la noche nos apuraba y nuestros cuerpos pedian descanso.cabalgata5.JPG (64840 bytes) Uno de nosotros advirtio un puesto de chapas que se dejaba distinguir desde la lejania con un hilo de humo que prometía civilización, algo de calor y una mateada. Todos respiramos tranquilos.

Al llegar pudimos ver como los gauchos descendian de un bosque de lenga con sus pilcheros colmados de leña, nunca hubieramos imaginado que un caballo podria cargar tanta cantidad de combustible. Luego de la correspondiente presentación nos invitaron a desensillar y a tomar mate, esto siempre mesturado con alguna bebida blanca para engañar el frío cordillerano.

Zandobal, Pino y Figueroa fueron nuestros anfitriones, quienes al ayudarnos a desensillar vieron que portabamos la criolla y bastó con una arengada para que surja el más salvaje de los folclores mezclado con un churrasco y vino.

El amanacer nos encontro con la boca reseca e hizo que ensillaramos y levantaramos campamento con una tranquilidad digna de la mejor de las resacas. Una vez más la amabilidad interminable de la gente de campo se hacia presente, Don Zandobal esgrimió como escusa que tenia que ir a repuntar unas vacas y nos acompaño unos kilometros adentro, hasta el "Escorial", altiplanicie de piedra volcánica de unos 3000 metros de altura, donde la naturaleza se había despachado con una de las mejores obras de infertilidad, que en algun momento de nuestras vidas, alguno de nosotros hayamos visto. A cada momento el paisaje producía un resquemor en nuestros adentros.