El arte de acariciar la piel terrestre

Por Eduardo "Calefon" Fernández


Cual es la imagen usual que tiene la gente sobre nuestro deporte: En primer medida la más popular y alimentada hábilmente por los diarios sensacionalistas es aquella que nos muestra como suicidas o descarriados que van a las montañas en busca de algún sacrificio "místico". La segunda, últimamente más promocionada por los medios audiovisuales  muestra a los ídolos máximos en disciplinas que llevan mucho tiempo de aprendizaje, casi como cualquier arte y nos ponen todos a la par sin contar la experiencia .
La tercera imagen, la más de moda, es la escalada deportiva, dirigida básicamente a la competencia. Aquí veo la oportunidad de aclarar que la escalada deportiva en Europa surgió y se considera "otro deporte" que solo comparte algunos elementos con el alpinismo, y en gran medida nació como una forma de entrenamiento en paredes de gimnasios para la gente que vivía lejos de las montañas. Aunque luego tomó su propio auge como disciplina competitiva. Por supuesto acompañada de reglas para sus competencias, gran cantidad de seguidores, filosofía acorde al ciudadano moderno y con una imagen bien distinguida basada en lo físico y estético.

Aquí me tomaría la libertad de expresar que para mí es una imagen más que un fondo lo que se está construyendo, pero aclaro que es sólo mi opinión.

La denominación de montañismo, alpinismo o andinismo significan lo mismo. La primera es un nombre que abarca todas las disciplinas, mientras que las dos últimas están marcando el ámbito donde se desarrolla dicha actividad, por ejemplo: Alpes o Andes. Los fundamentos en que se basa la filosofía que guía nuestro deporte son: el compañerismo, la observación, la autocrítica, el aprendizaje por medio de la naturaleza, la camaradería, los principios éticos y morales de convivencia, la sana autoestima, el equilibrio, nuestros límites y el desafío de nuevos objetivos, la relación con personas de otros ámbitos culturales y para resumir, el amor a la vida, nuestra y de nuestros semejantes. Todo esto en realidad crea en nosotros una conciencia hacia lo espiritual, muy olvidado por "el hombre moderno". En este punto ya fácilmente nos daremos cuenta que en un ambiente competitivo, generalmente el aspecto filosófico está dejado de lado frente al rendimiento o el logro de metas. Otra mala concepción del montañismo lleva a creer que solo los que utilizan equipo de escalada técnico hacen andinismo. Es un grave error, por un lado se subestima a los especialistas en altura (que no utilizan gran despliegue técnico) y por otro lado se fortalece la mala imagen para los novatos; haciendo que crean que con solo comprarse buenos equipos y yendo a paredes artificiales ya saben escalar montañas. La montaña tiene vida y las paredes artificiales no. Es bueno recordarlo.

Nuestro deporte al igual que el atletismo tiene sus especialidades como escalada libre, artificial, altura, hielo, cascadas de hielo, big wall, y otras. Cada una de ellas posee un aprendizaje específico y un equipamiento diseñado para tal fin. Aquí también haría una aclaración, ya que un error clásico es querer comprarnos lo último y más sofisticado del mercado en materia de escalada; olvidándonos que por tener el último modelo de equipo no escalaremos mejor.

Aunque soy realista que para un principiante es difícil discernir entre lo que realmente necesita y lo que le venden. Lo bueno es que en la montaña las caretas caen rápido, y la experiencia y el sentido común es lo que vale. Dentro del montañismo hay muchos que hablan, pero en la cancha se ven los pingos como dicen los paisanos. Volviendo a nuestro deporte entonces quedaría ya aclarada la verdadera filosofía que nos nuclea, y está centralizada en el interior del hombre y no en su apariencia. El avance tecnológico es útil mientras que nosotros sepamos manejarlo y aplicarlo correctamente a las actividades sin perder nuestros objetivos. Por lo tanto, si hay más fábricas que mejoran productos, que brindan acceso a materiales técnicos antes sólo para elegidos, o desarrollando la seguridad, es un bien para todos. Pero si hay gente que va detrás de los colores de moda y su imagen, vamos por mal camino. Otra característica de los montañistas es el respeto por la experiencia. Y aquí mejor que nunca aquél dicho de Bonavena: "La experiencia es como un peine que te dan cuando estás pelado". Es muy enriquecedor leer algún viejo relato de Hillary, andanzas de Terray o Bonington, pero es aún más fantástico conservar el espíritu de la aventura, la imaginación y los sueños. Estos últimos también sólidos pilares de nuestra filosofía. Para finalizar, las vivencias y sensaciones nos asemejan más a artistas que a deportistas, pues entendemos las montañas como grandes esculturas a las cuales modelamos sacándoles sus secretos. Los bohemios compartimos las texturas de sus colores y el carácter de sus tormentas, aunque las vivencias más fuertes son compartidas con amigos sin necesidad de ostentar voluptuosos curriculums.
Lo importante es que dentro del montañismo hay tiempo para sacar fotos a los insectos, primeros planos a sonrisas de pobladores o charlas sobre nuestras experiencias y sentimientos. Creo que es un poco ambicioso pensar que esto para todos, pero con ser idealista no se pierde nada, así seguiré soñando con que la escalada sea el arte de acariciar la fantástica piel terrestre y que las distintas disciplinas dentro del montañismo compartan el mismo espíritu.

Eduardo "Calefon" Fernandez: Guía de la Asociación Argentina de Guías, de Montaña y Parques Nacionales. Guardafauna de la Prov. de Sta. Cruz.