Cicloturismo: Travesía en Punta Lara

Por G.M.Gonzalez


La aventura a pasos de Buenos Aires

La propuesta en cuestión consistía en unir la Selva de Punta Lara con la Selva de Hudson. Una salida difícil: en la promoción se advertía que no era para principiantes, que era sin vehículo de apoyo y que, además, habia que ir vestido como para una selva: bombacha de campo y camisa de manga larga para evitar las raspaduras con la vegetación. También recomendábamos llevar dos caramañolas con agua y repelente para insectos. A pesar de todas estas advertencias la gente llamaba en la semana; el teléfono no paraba de sonar y los bikers se anotaban. Para colmo el viernes anterior se llovió todo. No importa!, el domingo estuvo despejado, el sol radiante y en el Hall Central de Constitución me encontré con el grupo.

EL VIAJE EN FERROCARRIL: Los nuevos completaron la ficha, se fue cobrando y, luego, cada uno sacó su boleto hasta Villa Elisa. Cumplidos estos trámites y a 7 minutos de la salida del tren fuimos acomodando las bicis en el furgón. Una al lado de la otra, bien pegaditas y cuidando que no se rayen. Completamos la primera hilera, una segunda y otra más pero arriba de la primera. Subimos la última MTB y la formación 2160 del F.C. Roca arrancó. Las bicis atestaban un furgón que ya nos quedaba chico y en el primer vagón los bikers con su vestimenta multicolor, cascos y facha estrafalaria ocupaban casi todos los asientos. La hora y pico que dura el viaje es aprovechada para conocerse, charlar y divagar sobre viajes lejanos. En las estaciones intermedias sube gente nueva y conocida. Wilde, Bernal, Quilmes, Berazategui... en cada una se abre la puerta, se hace una seña y un nuevo biker asciende y se suma al grupo.
_ Boletos, boletos dice el guarda.
_ Bajamos en Villa Elisa.
_ ¿Todas estas bicis?. No!!. No puedo detener el tren tanto tiempo.
_ Las bajamos rápido... dele sea bueno.
_ Bue... boletos, boletos sin marcar.

El tren aminora su marcha. Todavía no se ha detenido y ya hay una bici abajo. En menos de 60 segundos desalojamos el tren y saludamos al maquinista.

LA APROXIMACION A LA AVENTURA: Previamente al inicio de la pedaleada doy una charla informativa en donde presento al "Staff" de la organización (Los coordinadores son Ernesto Barnetche, alias El Vasco; Jorge Alvarez y quien escribe) , cuento el recorrido, la distancia, como vamos a marchar, que hacer si alguien tiene un problema mecánico, etc. Repartimos algunos energéticos, recomendamos guardar los papeles en el bolsillo, cargamos agua y vamos al baño. Verificamos que esté todo "OK" y damos inicio a una nueva travesía. La gente nos aplaude. Los autos tocan bocina... piensan que es una carrera... pero no: es una salida de cicloturismo no competitiva en donde el premio es llegar juntos compartiendo un domingo entre amigos a pocos Km. de la ciudad. Los 44 bravos pedalistas nos dirigimos hacia "Boca Cerrada" (10 Km. hacia el este sobre la costa del Río de la Plata). El camino es de pavimento y cada uno desarrolla la velocidad que desea. La consigna es encontrarse a 500 metros del río, en el inicio de la huella.

AGUA, BARRO Y NATURALEZA: Nos reagrupamos nuevamente. Somos un montón y a partir de acá avanzaremos en fila india. Las bicis están limpias. Una nueva explicación e ingresamos en la huella. El primer pozo con agua es pasado sin sobresaltos. Uno a uno se internan los bikers por el sendero que, paralelo a la costa, nos lleva en dirección al Canal Pereira. El barro es un jabón. La rueda trasera resbala. La bici se atranca y el pie busca un apoyo... en el agua. Primera zapatilla mojada del día!!. Otro cicloturista resbala y hunde completamente su rueda delantera en el agua. Resulta que la huella es usada por unimogs y 4X4 que la terminan de destruir dejando huellones de casi un metro de profundidad. La marcha se hace lenta y trabajosa. No problem: el objetivo es disfrutar y no la velocidad. Llegamos a nuestro primer obstáculo: un "mini lago" de agua de lluvia con un fondo fangoso compuesto de hojas en descomposición permanente. Es tanta el agua acumulada que los troncos que pone la gente para poder pasar se encuentran flotando. Un biker se anima: toma envión. Se zambulle en el agua y... pasa. El 2º lo intenta pero se queda por la mitad. Risas de todos. Seguimos avanzando. Algunos, increiblemente, todavia siguen secos; a otros parece gustarles el barro como a un chanchito su chiquero. Por fin arribamos a un hermoso bosque de eucaliptus en donde el suelo, algo más elevado que el entorno, se encuentra seco. Aprovechamos la parada para descansar, ajustar algunas bicis, comer un caramelito y... a seguir. La senda se hace pesada por el terreno blando: trechos que son con pasto para el primero pero un lodazal para el último. 5, 10 y hasta 15 cm. de agua inundan el caminito: la aventura es ahora pasar estos tramos sin detenerse hasta la próxima parte seca. Cortaderas, pajas bravas y pajonales nos rodean. La selva en galería es ahora la atracción: árboles altos desde donde se descuelgan lianas; mucho verde; la luz solar apenas llega al suelo y el fresco de la media mañana es agradable. Sensaciones, ruidos, variados tonos de color, diversidad, aves, arbustos, mosquitos, componen esta selva de la que más de uno desconocía su existencia. De vez en cuando realizo paradas cortas. Me avisan que el 2º coordinador está reparando una cadena cortada o que alguien se encuentra muy cansado. Aprovecho la parada para mirar al grupo y meditar: La gente parece estar copada, además vimos un enorme lagarto overo y un coypo que nadaba alegremente en un charquito. Llegamos al Canal Pereira y el primer objetivo ha sido cumplido. Las bicis están sucias, nosotros estamos mojados y con barro hasta en la cara pero... alegres.

EL CRUCE DE LA LAGUNA: Desde este punto debemos girar a la izquierda y seguir cerca del Canal en dirección a la vía del ferrocarril. 300 metros más adelante un puente precario de troncos fue arrastrado por la última sudestada y es menester pasar por otro lugar. En el relevamiento previo había encontrado dicho paso: un bajo con agua estancada (no podrida) que se podía pasar por la orilla. Era muy fácil pues estaba todo seco, pero ahora: ¿Cómo estaría? De acuerdo a como venía la cosa debería estar todo inundado. Explico a la gente la situación y entre todos se decide continuar con la travesía. Me mando primero por la sendita que poco a poco desciende. Los pies en el agua fresca y empujando la bici a mi lado. De tanto en tanto los pedales se traban con la paja brava. Llego hasta el bajo que hace tres dias estaba seco y ahora es... una laguna. Voy tanteando con la rueda delantera que de a poco se hunde en el agua hasta casi el stem. Hay una pequeña zanja. Empiezo a cruzar por un tronco... se mueve... se da vuelta y me sumerjo hasta el pecho en el agua. Por suerte la bici con la alforja y la cámara de fotos no se mojan. La tensión crece y no logro pararme. Poco a poco me hundo en el barro. Un biker me extiende su mano y me ayuda a reincorporarme. Logro pasar. Ahora avanzamos por el costado, bien pegados a los lirios. Algunos lo toman con filosofia: hace calor y no importa que la bici se moje; otros la cruzan sobre su espalda y los últimos hacen "cantitos de protesta". Todos toman fotos para el recuerdo. Estamos realizando el cruce y, por otro lado, la salida más intrépida de todas. Como organizador la emoción me embarga al mirar hacia atrás y ver que hay otros tan locos como yo que disfrutan el cicloturismo de aventura. Encontramos una senda semi-aguada pedaleable y todos logramos cruzar la laguna. Agotados paramos una hora para comer, secarnos, sacar el agua de las zapatillas y del interior de los caños de la bici!!. Hemos superado la parte más difícil de esta travesía. Después huvo que limpiar la bici pero esta aventura colectiva quedará marcada a fuego (perdón a agua) en nuestra memoria.

FINAL: El resto de la travesía siguió con normalidad. Continuamos por la senda paralela al Canal que es excelente para la práctica del MTB recreativo. Al arribar a la "civilización" los más cansados se tomaron el tren inmediatamente y a los que les quedaba resto siguieron hasta la estación Ranelagh o directamente hasta la Capi. Cuentan que a algunos no los dejaron entrar a sus casas sin antes lavar su bici. ¿Por qué será? 

NOTA: El recorrido descripto pertenece al Parque Pereyra Iraola y lamentablemente por los desmanes provocados por algunas "personas" el mismo
 se encuentra cerrado para las bicicletas. Esperamos que esta situación se 
revierta para los grupos organizados y que cuidan de la naturaleza.