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Andinismo:
Monte San Lorenzo, Santa Cruz
Por
Nicolás de la Cruz - Ramiro Calvo - Roland Vighetto - Fernan
Gonzalez
Es
que el viaje fué en marzo del 96 y ya nos olvidamos de algunas cositas,
entre ellas qué día pisamos cumbre. Así fué, casi hicimos cumbre.
De todas maneras podemos afirmar con relativa certeza que lo vivido fué
vivido, ya que tenemos fotografías que nos lo hacen suponer. En fin,
atravesaremos la nebulosa de recuerdos para hacer de esta nota algo
dinámico, de tipo relato documental, una onda ¨lo vivido fué intenso¨.
-
Esteee......
- Hacé mate, che.
- Cómo decíamos?
- Meiling no lo pudo subir y de caliente no contó nada.
- Quitémonos la máscara, se habrán peleado con Neumeyer?
- De Agostini fue quién, luego de dos expediciones exploratorias, desculó
una vía lógica y fácil a la cumbre. En 1943, llegó con los guías de
Bariloche Hemmi y Schmoll.
- Plena guerra mundial...
- Y 53 años después, parece que la nuestra fue la 12ª ascención, o algo
así.
Monte
San Lorenzo, 3700 mts., provincia de Santa Cruz, 2700 mts. de desnivel desde
el campamento base, frontera argentino - chilena, un día y medio de ruta
desde Bariloche hasta Lago Posadas y vado del Río Oro, un día y medio de
marcha de aproximación, se consiguen caballos, hay una cabaña en el
campamento base, Patagonia, stop. Llevar mucho nylon. El campamento base
ahora se transformó en un refugio privado. O sea que algunas cosas
cambiaron pero no hay detalles
Antes
de salir, pasamos a buscar a Roland al aeropuerto de Bariloche. De ahí, en
camioneta, nos fuimos hacia el sur. La ruta 40 es un lindo viaje, cada
pueblo es una visita al surtidor y al almacén.
Sur, paredón y después...
En Lago Posadas nos tomamos un montón de cervezas, las últimas, en lo de
Pedro Fortuny, quién nos da los datos de la aproximación hasta el
campamento base.
Después de 1000 y pico de kilómetros de ruta nos hundimos en el Río Oro
hasta los calzones y con la lechosa agua de deshielo rozando el límite.
Fondo de piedra bochas y a pata pelada. Aparecimos en la orilla de enfrente
gateando, los dientes apretados por el dolor.
Arreglamos el transporte de los bultos y tomamos unos mates con Herminio
Avilés, el puestero, que no sabemos porqué fue a poner su casa del otro
lado del río.
Y sí, vió, nooo si.... charlamos un poco de la vida en esos parajes y
conseguimos un par de caballos. Y todavía hay que volver a cruzar el
gélido Río Oro.
( esto último; estribillo útil para la jornada siguiente)
Paisaje:
buena impresión.
Clima: histérico.
Espíritu del grupo: solidario, unido, no muy madrugador, comida buena pero
limitada.
Salvo algunos puestos de estancia con aspecto abandonado donde viven algunos
pobladores, no hay nada. El valle es amplísimo y en él se desparrama el
río a sus anchas.
Estribillo del tema del cruce del río.
N veces estribillo. Todo lo que brilla es el agua del Oro.
El río domina gran parte del día y de nuestro humor. Luego de haber
remojado las patas hasta el dolor, seguimos una antigua huella de carreta de
la época en
que había mucho tránsito de mercadería entre Chile y Argentina. (¿?)
Cruzamos la frontera (clandestinos) y nos metemos en el valle del arroyo San
Lorenzo, angosto y profundo, con su bosque, glaciar y laguna.
El campamento base tiene su jardín de hongos y lengas, muchos hongos y
lengas, más hongos y más lengas.
-
Se podrán comer?
- No, las lengas mejor dejalas.
Es
la humedad en su máxima expresión. Nos instalamos luego de un par de
viajes con la carga que nos dejó el arriero Avilés a una hora del
campamento. Disfrutamos de la cabaña, especialmente después de haberle
puesto las lonas encima para atajar la lluvia y el viento. Llevar nylon! .
A pesar de la comodidad del campamento base el barómetro movió sus agujas
y el tiempo se compuso. Ensillamos las mochilas y con un día bárbaro
caminamos rumbo al campamento 1.
La montaña aparece vestida de novia. ( frase obligada del repertorio
literario andinístico argentino).
Nos
guiamos en el terreno con las referencias del cuaderno patagónico Techint
N° 9 que dejamos en la camioneta, el relato de unos andinistas chilenos que
pasaron por el refugio Frey, y un mapa del IGM que resultó muy útil.
Paisaje: mejorando a medida que se sube.
Mochilas: gordas.
Tenemos 9 días para ocuparnos en subir el cerro, pero la caminata nos hace
olvidar el estrés y lo pasamos bien. El campamento 1 está detrás de la
torta, del lado oeste, el lado oculto. Las vistas al San Valentín y
montañas del Hielo Continental Norte son lo que son, no se puede explicar.
Esta montaña está bastante más al este de la Cordillera de los Andes.
Conforma su propio macizo que emerge bruscamente de la meseta patagónica,
sin preámbulos.
Es escasa la nieve sobre el glaciar en marzo pero excavamos una cueva en una
grieta y al rato nos metemos los cuatro adentro. Esto es el campamento 1.
Rojo atardecer, estrellas en la noche, no hay viento y no hace frío. Nadie
puede dormir, el techo de la cueva cruje y en medio de la noche se raja y se
hunde un poco. Nos asustamos.
Gris amanecer. Nubes y platos voladores. Está todo podrido en los
alrededores y el barómetro pide perdón por las ilusiones que no dió ayer.
De
todas formas subimos para reconocer el terreno hasta la rimaya de los seracs
que están por debajo del filo, a 2800 metros de altura. En ese momento una
nube lo tapa todo y ya no se ve un pepino. Chaaaau.
El paisaje no se observa y tampoco interesa. El ánimo no es un llanto, pero
da
un poco de bronca tener que volver.
De regreso a casa pusimos a secar todo y asaltamos la nevera.
Cómo sigue? Buscar agua, hacer leña, entrar y salir de la choza, dejar
listo el equipo para salir apenas amaine. Vivimos el tiempo a la espera que
el clima se componga.
El bosque y los alrededores, paseos. Más allá son solo piedras y para ver
que hay del otro lado del filo del cerro Las Chivas trepamos 1200 metros de
pedrero puro. El otro lado se ve sumamente interesante pero no vale la pena
el castigo de subir eso, de no ser por matar el tiempo. Perdón, por
vivirlo.
Desde que llegamos aquí nos estuvimos calentando la cabeza con la
posibilidad de abrir una vía directa a la cumbre. Se discutió un poco el
problema y la verdad es que no trajimos más equipo que dos tornillos de
escalada y lo personal.
Una tentativa de ida y vuelta en el día sería factible.
Mientras los platos de la cena se vaciaban el barómetro empezó a insinuar
un gran buen tiempo, los aires se aquietaron, y todo eso hizo presagiar un
día Marxista - Leninista.
Quién
se anota? Salimos mañana. Los colegas están medio arruinados, con
problemas en las articulaciones. Quedamos dos con un solo día disponible.
Con
las mochilas re-flacas salimos eyectados a las 3,30 A.M. a la luz de las
linternas por la ruta soñada. Apuntamos al fondo del valle por la morrena
de la derecha, que nos deja al pie de una ladera empinada, con nieve y rocas
y pasando por detrás de una solitaria torre caminamos finalmente sobre el
glaciar superior en dirección a los seracs que cuelgan del filo norte.
Al
amanecer se nos empina el terreno. Cambiamos linternas por grampones y
piquetas, un desayuno de nieve y hielo a 60° y nos tiramos por la derecha
de los seracs, desencordados.
Luego alcanzamos el filo de rocas, donde comienza otro párrafo.
De aquí apuntamos en travesía ascendente a unas canaletas con escaso
hielo, con 70° de empinamiento y un pasaje en roca de IV grado con grampas
puestas; sacan algunas chispas pero no llegan a desafilarse.
Cuidadosamente llegamos al final de la canaleta donde sacamos la cuerda y
tiramos un rappel para mudarnos de este callejón sin salida.
Guardamos
nuevamente la cuerda y sacamos un par de fotos. Ya estamos bastante alto y
la ruta va saliendo a base de rodeos y búsqueda.
Hacia arriba esquivamos unos gendarmes (mejor tenerlos lejos), el sol sube
rápido pero la nieve en los mixtos aún está dura como sábana de abajo.
A medida que progresamos el sol hace de las suyas con las sábanas y
sentimos gran urgencia por salir de esta cama.
Encontramos por fin la punta del ovillo, nos colamos subrepticiamente por
una pared revocada de nieve, escalando no se sabe si sobre nieve o sobre la
roca o sobre que carajo que hay debajo pero es nuestra única posibilidad de
salida así que tripa corazón pónle power a la cosa. Con este chorro de
adrenalina aparecemos catapultados en lo alto del filo con la boca un poco
seca, pastosa.
Venga
esa cantimplora!!!
Estamos
a 2600 mts. y desde aquí se engancha el filo cumbrero del San Lorenzo,
terreno fácil y con el asunto ese del paisaje que está llegando a su
apogeo. Pasaporte a la cumbre. El campamento está lejos allá abajo. Según
el mapa hay 9 kilómetros de recorrido entre la cumbre y el base. Allí
tenemos que estar esta noche, así que a mover el trasero.
Estribillo
del tema musical Caminando en el San Lorenzo:
Poca
ropa y mucho sol
en manga de camisa
a la cumbre del San Lorenzo
contento voy.
Tra la la
Ya
en la antecumbre estamos re - podridos de caminar sobre millones de alas de
ángel, esa nieve que forma los típicos hongos de nieve patagónicos y que
nos hace tropezar continuamente.
Se siente la altura y la pelota no dobla.
Rodeamos la antecumbre apenas por debajo, descendemos unos 100 metros y
caminamos los 500 metros horizontales por el filo hasta el repecho final. No
se puede creer la vista!
Sospechoso bosque de hongos de nieve fálicos, no nos quedemos aquí
demasiado...
Llegamos a 30 metros de la cumbre donde se las arreglaron para cortarnos el
mambo.
Nos sacamos las fotos de rigor, como si fuera cumbre. Sonreímos con la
mejor sonrisa , miramos con la mirada más profunda, soñamos la realidad.
(Aún hoy sonreímos).
Y regresamos a casa, por la ruta de De Agostini, sin parar hasta Bariloche,
sin parar.
Nicolás
de la Cruz - Ramiro Calvo - Roland Vighetto - Fernan Gonzalez
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