Historia de Villa La Angostura

Por Gustavo Lachica        


Historia de Villa La Angostura (Pioneros del Nahuel Huapi)       

Lo que a continuación se relata había comenzado a suceder por el año 1901. En esos tiempos ya vivían, en estas tierras que bordean el lago Nahuel Huapi, algunas familias venidas de Chile antes de comienzo de este siglo, y algunos nativos indígenas, restos de las tribus que quedaron luego de la conquista del Desierto por el General Roca.
Pero aún no habían sido establecidos los límites entre Chile y la Argentina, y la región del Nahuel Huapi estaba en disputa; no se había solucionado la cuestión entre ambas naciones.
Tiempo después, al definirse la situación y para afianzar la soberanía nacional en esta zona que a partir de entonces fue definitivamente argentina, el gobierno de Buenos Aires hizo una propuesta medianamente atractiva a quienes se animaran a poblar y colonizar las tierras ubicadas sobre las márgenes del Nahuel Huapi: en la parte nordeste del lago que correspondía al Territorio del Neuquén, se trataba de otorgar unos cuarenta lotes de entre 550 y 625 hectáreas cada uno, ubicados y mensurados por el ingeniero Lucero, a cargo de concretar este proyecto que se llamó: Colonia Pastoril Nahuel Huapi.

Las condiciones en que se entregaban estos predios eran las siguientes: en el lapso de cinco años, los adjudicatarios debían construir una casita con madera de la región, de unos cuarenta metros cuadrados de superficie, distribuidos en cuatro habitaciones.  Aparte, y en lugar adecuado, un excusado o letrina con su correspondiente pozo negro, un galpón de cuarenta metros cubiertos, un corral de unos sesenta metros para encerrar animales (vacunos, ovejas y caballos), además de otro de unos cien metros, destinado a huerta.
Todas estas construcciones y mejoras mínimas se deberían ubicar en sitios aptos y cerca de algún arroyo o vertiente para asegurar buen abastecimiento de agua. Los corrales se harían de "palo a pique" o de "cercos tranqueros", se plantarían manzanos, perales, guindos, cerezos y otros frutales, además de verduras de toda clase. La tierra era de excelente calidad donde ya los antiguos pobladores habían probado la siembra de papas, chalotas, arvejas, trigo, etc. con muy buen resultado.
Otra de la condiciones era la obligación de mejorar el camino de herradura que partiendo del paraje Nahuel Huapi, incipiente caserío en las nacientes del Limay, costeaba la ribera nordeste del lago y llegaba hasta los límites con Chile por la parte del Puyehue. En aquel tiempo era una mala huella apenas transitable, sobre todo a partirdel Paso del Coihue en el extremo del brazo Huemul, unos 120 kms. de ásperos pedregales, enormes árboles caídos y cada tanto, turbulentos arroyos que bajaban de las montañas.
Allá en Nahuel Huapi, donde nace el Limay, se ubicaba el almacén de ramos generales de don Jarred (don Juan) Jones, dueño también de una estancia grande donde criaba cantidad de hacienda en un amplio valle llamado Tequel Malal. A estas dos propiedades las separaba una distancia de dos leguas (10 km) rumbeando hacia el oeste por el camino a Chile.

En Nahuel Huapi estaba también el destacamento de la policía territorial, la estafeta de correos, y algo alejado, en el Puerto Americano, el juzgado de paz y registro civil correspondiente al departamento Los Lagos del Territorios del Neuquén. Allí cerca funcionaba la balsa maroma utilizada para cruzar el Limay hacia el vecino Territorio del Río Negro, camino al poblado de San Carlos de Bariloche, distante unos 20 kilómetros, el más importante de toda la región.

Contaban los colonos que también en la parte norte del lago, cerca del límite con Chile, se establecieron algunos paisanos araucanos que habían llegado desde el vecino país. El lugar de aquel asentamiento se llamaba el Rincón. Con su esfuerzo la huella fue avanzando poco a poco hacia el Paso del Coihue y al Limay, siempre bordeando el Nahuel Huapi. En el 1901 la única manera de transitarla era a pie o de a caballo. Tenían la alternativa de atreverse en algún pequeño bote o una chata, pero el lago era peligroso cuando se enfurecía. Siempre era necesario llevar hachas y machetes para desmonte y muchas veces debían hacerse rodeos y nuevas picadas para poder pasar con las cabalgaduras. Cuando llovía mucho y sobre todo en invierno, los arroyos se ponían imposibles de cruzar por las crecidas.
Al iniciarse la adjudicación de los lotes en la región, comenzaron a llegar los colonos beneficiarios de las tierras. Empezaban a verse aquí y allá, casas, corrales y limpias para dar cumplimiento a las condiciones impuestas por el Gobierno. Los predios se ubicaban a partir del Paso del Coihue, límite de la estancia de don Jarred Jones y del campo de los Newbery, y siguiendo por la costa, siempre hacia el norte, llegaban al Rincón y aún más allá, al Machete, donde con el correr de los años también se afincaron pobladores.

ARREO DE GANADO

En la costa nordeste, enfrentando la Isla Victoria, se instalaron los primeros colonos. Recordando así a don Pablo Mange, a don José Barbagelata y su hermano don Manuel. Unos kilómetros más adelante, Miguel Marimón, mi padre. Todos adjudicatarios de los lotes respectivos.
Pero también siguieron llegando familias desde Chile, que obtenían pemisos de pastaje y se quedaban. Eran gente animosa y de trabajo que cruzaba la cordillera en verano, con unos pocos caballos, vacunos y herramientas por todos sus bienes. Construían un campamento precario, luego una casita y las mejoras mínimas para vivir. Y así, unos cuantos se fueron quedando en la zona del Correntoso.

De esta forma se poblaron varias zonas aledañas al lago. Recuerdo los nombres de algunas de las familias que se establecieron por aquella época: el cacique don Ignacio Antriao y José María Paisil, araucanos de Chile, que finalmente obtuvieron la titularidad del lote pastoril Nº 9 del Correntoso. Los Barría, Vargas, Cayún, Cárdenas, Vidal, Carmoney, Curipán y otros. El lote Nº 8 del Correntoso fue adjudicado a don Primo Capraro y don Federico Baratta, italianos, allá por el 1903.
Al irse poblando, los diferentes parajes fueron recibiendo sus nombres que aún perduran en gran medida: Puerto Manzano, Puerto Baratta, el Panguinal, etc.

Los colonos que se establecían en la región eran gente de trabajo y buena conducta, lo que se verificaba por los papeles que traían de Chile, y se adaptaban y convivían en buena armonía con los nativos de estos lugares, ya conocidos como vecinos de Bariloche. Llegaban también inmigrantes europeos y de otros países. Con esta gente se fue poblando la costa norte del Nahuel Huapi.