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Crema
Champaqui...para todos los gustos
Por
Silvina Pedrotti
Porque,
indudablemente, quien alguna vez haya visitado la hermosa mediterránea sabe
que es uno de esos sitios que ofrecen todo lo que busca un exigente
aventurero para un viaje inolvidable. Basta solo con desandar cualquier
camino de su grandiosa geografía para descubrir la simpatía y hospitalidad
de su gente, la majestuosa belleza de sus paisajes o los exquisitos sabores
de sus comidas.
El viajero se puede encontrar de pronto, frente a praderas de verdes
pastizales salpicadas con furiosos y amarillos trigales en la llanura o
adentrarse a sus serranías y soñar inmerso en el silencio de gigantes
macizos de granito, atravesados tan solo por caprichosos senderos o
inquietos arroyos que suenan como música para el caminante, y por que no
cumbres nevadas como la mismísima cordillera.
...Y en busca de semejante grandeza, fuimos pues aquel fin de semana de
junio, poco mas de 30 locos amantes de la más pura naturaleza.
Llevamos
con nosotros lo puesto, nuestras bicicletas de montaña y unas pequeñas
mochilas con ropa que usaríamos durante los 3 días que duraría nuestra
aventura.
En Santa Rosa de Calamuchita nos esperaba todo el equipo del Parador de La
Montaña comandados por su gerente, Juan... dispuestos a trasladar todos
nuestros bártulos en sus 4x4 y un pintoresco UNIMOG que tiraba un acoplado
de ganado, convertido para esta ocasión en el transbordador de nuestras
bicicletas.
Ya en la villa serrana, en la preciosa hostería enclavada al pie de las
montañas nos aguardaba la bienvenida de quien seria nuestro guía local,
Miguel Gilardini.
Un gran comedor calefaccionado con quebracho serrano estaba listo para un
almuerzo caliente al que no le falto nada, ni la sopa de quakuer de esas que
preparan las abuelas. En los alrededores, las cabañas ya estaban
calentitas, esperando nuestra llegada. Pero estabamos ansiosos por salir a
pedalear, así que armamos inmediatamente nuestras bicicletas y nos lanzamos
montaña abajo.
Enseguida empezaron a aparecer las piedras, las curvas cerradas, las bajadas
y subidas, los bados, los puentes colgantes, el barro... uhau!
Estaba
muy frío, el viento nos helaba la cara y los guantes gruesos no alcanzaban
para calentar nuestros manos, pero igual llegamos a Villa Gral Belgrano,
recorriendo nuestros primeros 35 kmts. En este tramo se sumó Eduardo Medina
(el campeón panamericano de MTB), quien vive en Santa Rosa de Calamuchita y
l sería también nuestro guía durante toda la travesía.
.Que
gran persona! Si lo tendrá claro el tema el hombre, que se recorría el
pelotón desde el primero al ultimo como si fuera una flecha! Allí cruzamos
varias veces el arroyo que divide la Villa a lo largo del parque
ecológico... no faltaron las patinadas que terminaron en inevitables
zambullidas al río... Que frío!
Por suerte nos esperaban duchas bien calientes, una cena bien sustanciosa y
mullidas camas en El Parador para repararnos del primer día de pedaleo. Ni
que hablar de los licorcitos y los animados partidos de truco junto al
fogón que el Vasco Barnetche y su troup nunca pudieron ganarnos. El
segundo día proponía el plato fuerte!
Sabíamos
que en esos días había nevado mucho en las Altas Cumbres, por lo que
pretendíamos llegar con las camionetas 4x4 hasta el punto mas alto tomando
por el camino que sube al cerro Los Linderos, y desde allí iniciar un
trekking hasta la cima del Cerro Champaquí, para luego descenderlo en las
bicicletas todo cuesta abajo hasta Yacanto de Calamuchita. De solo escuchar
esa propuesta, la adrenalina empezaba a movilizarnos!
Estaba previsto que cada día un grupo de 6 bikers, madrugara para subir el
UNIMOG con todas las bicicletas, mientras el resto lo hacia en las
camionetas.
Aquel domingo amaneció tan, pero tan frío, que fue una verdadera patriada
madrugar para trasladar todo el equipo. Suerte que las imprescindibles
petacas de licores de invierno no faltaron en los bolsillos de los
voluntarios...
Ni
bien llegamos a Yacanto empezamos a notar la nevisca (o garroooootillo como
preferimos llamar los cordobeses). Mientras mas subíamos, mas blancos se
veían los cerros. Cuando estuvimos a 2330 mts SNM, ya no pudimos avanzar
porque teníamos cerca de 60 cmts. de nieve sobre el camino, que en algunas
partes estaba congelado y lo convertía en un peligro tanto para el descenso
en bicicleta, como para llegar con el UNIMOG cargado que habíamos dejado
atrás a nuestro paso. Entonces Miguel, con buen criterio, propuso suspender
el trekking, y aprovechar para comer algo en un paraje de gente del lugar,
quienes cordialmente nos ofrecieron albergue en las galerías de su rancho.
Para mi sorpresa, Juan empezó a bajar de una camioneta unas viandas
calientes de milanesas, tortillas, gaseosas, etc. que acompañamos con
infaltable pan casero recién horneado! Que mas se podía pretender, en
semejante páramo, esto era todo un lujo! Con ese paisaje sin igual como
fondo, con nieve cayendo sobre nuestros cascos, trepados a las bicis,
empezamos a dejar salir la adrenalina! Ese fue el descenso mas lindo de
todos los que mi bicicleta haya rodado alguna vez.
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