El esquí, protección UV y radiación solar

Dr. Pecci Saavedra, Guillermo

Subgerencia de Salud, Departamento de Comisiones Médicas, SRT


 La radiación solar afecta negativamente al ojo en función del entorno en el que nos desenvolvemos o la actividad que se va a realizar.


De todo el espectro solar destacaremos cuatro tipos de radiaciones (el criterio para su clasificación es la longitud de onda que cada una posea), por ser las que producen los efectos más importantes a nivel ocular:


• Radiación ultravioleta (180nm- 380nm): el efecto fotoquímico desencadenado produce daños oculares tras un periodo latente. Los síntomas no son inmediatos, siendo consecuencia del efecto acumulativo de la radiación tras un tiempo de exposición determinado.
• El espectro visible (380nm-780nm): abarca todas aquellas longitudes de onda capaces de estimular los fotorreceptores de la retina. Asimismo, puede generar complicaciones a nivel ocular.
• La radiación infrarroja (780nm-10.000nm): puede ocasionar complicaciones debidas a un efecto térmico sobre los tejidos, dependiendo de la intensidad a la que se esté expuesto. Las lesiones ocasionadas son instantáneas, manifestándose los síntomas inmediatamente después de la exposición.
• Radiaciones microondas u ondas del radar. Se encuentran por encima de los 10.000nm y pueden producir complicaciones como cataratas.
Protección UVA


La protección contra la radiación ultra violeta (UVA) resulta imprescindible en los siguientes casos:


• Afáquicos y pacientes con cataratas.
• Pacientes bajo medicación fotosensibilizante (tetraciclinas, fenotiacinas, anticonceptivos orales, antihistamínicos y antialérgicos).
• Exposición excesiva al sol.
• Trabajadores expuestos diariamente a radiación UVA (soldador, electrónica,...).
• Pacientes con pinguécula, pterigium y degeneración macular.
• Actividades de ocio: ski, alta montaña, tomar el sol,...


Complicaciones oculares derivadas de la radiación UVA


La exposición prolongada a la radiación UV puede originar efectos nocivos para nuestros ojos, que pueden manifestarse en distintas partes de los mismos:


Córnea. Entre los efectos que puede producir la radiación destacamos la “oftalmía de las nieves”, que consiste en una quemadura a niveles del epitelio corneal causada por la exposición excesiva a la radiación UVA, altamente reflejada por la nieve. En principio remite sin dejar secuelas, pero si no se cuida la lesión ésta puede infectarse y producir úlceras.

Si bien la radiación UVA afecta al epitelio corneal provocando una degeneración y muerte celular, también puede alterar el estroma y el endotelio. Estos problemas a nivel endotelial pueden ser la causa del edema corneal apreciado tras exposiciones UVA. En esas condiciones, la bomba endotelial falla y provoca un aumento de la permeabilidad del endotelio y un incremento en el paso de sustancial al interior de la misma, alterando el metabolismo corneal.


La conjuntiva. Se han establecido estrechas relaciones entre el pterigium y la magnitud de la exposición como una explicación de su formación. De todos modos, otros factores influyen también en su formación: ambientes polvorientos, infecciones, inflamaciones,…


El cristalino. Éste absorbe toda la radiación comprendida entre 295-400nm., desencadenando una alteración de las proteínas del cristalino y una acumulación de sustancias fluorescentes, que reducen la cantidad de UV y visible que llega a la retina, actuando como un filtro eficaz, e incrementando el color amarillento del núcleo (cataratas).

Existe algún indicio de que un adelanto de la aparición de la presbicia podría ser debido a la radiación de UV, ya que ésta generaría una aceleración en el proceso de pérdida de elasticidad del cristalino.


La retina. La luz solar puede provocar aquí dos tipos de lesiones:


Degeneración macular asociada a la edad. Lesión fotoquímica asociada a aquellos individuos que pasan mucho tiempo al aire libre o con escasa pigmentación o afáquicos.
Retinopatía solar. Lesión térmica producida por la observación directa al sol que supone una quemadura retiniana con edema, que evoluciona a la mejoría. El número de casos de retinitis se incrementa en zonas donde la capa de ozono es más reducida.