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Por Pecci Saavedra, G.
La música, como el calor, puede penetrar el ser hasta la propia fuente de los movimientos, alcanzar el mundo de los instintos y deseos, penetrar en la voluntad y en la sagre, siendo también capaz de fanatizar y cegar a las personas cuando los ritmos son dirigidos a la parte inferior del ser humano. Sin
embargo, la verdadera música es un eco celestial, percibido por el ser
humano que está en resonancia con el Microcosmos. Está claro que la
experiencias son diferentes de una persona a otra, pero puede afirmarse que
a través de la música es posible penetrar en la esfera de lo Inmortal. Todos
podemos experimentar cómo la buena música nos conduce a practicar el bien
y nos da el sentimiento de estar por encima del reino animal, es decir, del
mundo de los instintos. En
una de sus obras, Goethe cuenta que un niño, tocando su flauta, consigue
conducir a casa un feroz león. Esto puede representar sólo una fantasía
poética, pero lo cierto es que la música tiene una poderosa influencia. En
los centros industriales donde se oye constantemente buena música, el
trabajo resulta menos penoso para los operarios y el compás ayuda a regular
las funciones de los miembros. Este
es un simple ejemplo, pero hay muchos más acerca de los resultados que se
pueden obtener a través de la música, incluidos notables efectos terapéuticos,
siempre y cuando la música sea la adecuada para cada caso a tratar.
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