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Por Pecci Saavedra, G.
A finales de ese siglo, el Tarot ya formaba parte de la cultura popular. Según los gitanos, las cartas ya se utilizaban en el siglo XII. Las cartas del Tarot llegaron a ser muy populares en las cortes europeas durante los siglos XV y XVI; eran al mismo tiempo, un juego y un sistema para adivinar el futuro. El
primer libro de que se tiene constancia sobre el tema del Tarot fue
publicado en 1775 (Court de Gebelin, Antoine: Le Monde Primitif, vol. I). Más
adelante, en el siglo XIX, florecieron las sociedades secretas dedicadas al
estudio de la mística y el ocultismo. La mayoría de libros sobre Tarot de
que disponemos actualmente o bien datan de estas fechas, o son traducciones
de traducciones (cuando no son directamente plagios). Mención aparte merece el estudio del Tarot que durante varios años de su vida hizo el insigne psiquiatra Carl Gustav Jung, en relación con el fenómeno de la sincronicidad, por una parte, y con los arquetipos, o estados puros de la energía psíquica, por otra. Siguendo su visión, el Tarot no es únicamente una técnica de adivinación basada en un oráculo visual, sino que se convierte en una poderosa herramienta para el desarrollo personal. Las
22 figuras o arcanos mayores representan otros tantos arquetipos, o estados
de energía psíquica, que pueden ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros
mismos y a obrar centrados en las causas de los acontecimientos, en lugar de
sus efectos.
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