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Anorexia Maligna Por Adriana Giannini
“Restringirse el agua además de la comida resulta una tortura, además de perjudicar aceleradamente el estado de salud, a causa de la deshidratación. Es el caso de ciertas anorexias de carácter maligno”- aclara la Dra. Mabel Bello, Directora de ALUBA ( Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia) por donde desfilaron durante 16 años, más de 10 mil casos con diversos tipos de anorexias y bulimias. En la anorexia maligna, padres extremadamente débiles parecen no advertir la gravedad del cuadro, la vehemencia de los síntomas o no saber actuar; ellos permanecen en una posición indolente frente a las puertas de la muerte de su hija. La
tenacidad con que estas jóvenes, se resisten a tomar agua marca la
diferencia con la anorexia más común (en que sólo se restringe la ingesta
de calorías), y se ha llegado a la conclusión de que el entorno del
paciente con anorexia maligna es muy diferente a otros, donde aparecen
patologías alimentarias. Una
chica con 30 Kg. que se defiende agresivamente, con unos padres que parecen
ignorar el curso fatal de esa situación, requiere una internación a la que
los padres resisten casi con esa misma tenacidad con la que la joven se
niega hasta el agua. “Un anoréxico es básicamente alguien sumamente asustado y agresivo, que interpreta cualquier palabra cono una amenaza. Por eso un tono de voz o un gesto, pueden ayudar mucho. Un gran recurso es la comunicación lateral, se conversa del caso en presencia del paciente, quien escucha más cuando se habla de él, que cuando se le habla directamente.”- agrega Mabel Bello, quien le concede una gran relevancia al trabajo de la red de padres y madres de adolescentes recuperados. Luego
de iniciado el tratamiento, se acude con especial resultado a la red de las
madres y padres de pacientes recuperados. La anorexia maligna es
infrecuente, se puede hablar de 20 casos en un contexto de 2.500 anoréxicos
y bulímicos, en determinada franja etárea entre adolescentes, en su mayoría
mujeres. Sin embargo es casi irrecuperable, si el tratamiento no se hace con
la presencia de estos auxiliares de red, imprescindibles para revertirla. Se
trabaja con un equipo constituido especialmente por madres de pacientes
recuperadas que superaron casos muy difíciles y que dan un vuelco decisivo
a la situación, ya que sí bien
el paciente es controlado en el hospital de día, cuando retorna
a la casa, las medidas terapéuticas no se cumplen. Es
ahí cuando intervienen estas madres que supervisan que cuando el paciente
vuelva a la casa, quiebre esa actitud familiar enfermiza de “bienvenida de
la muerte”. Esa red suplanta la actitud negativa de los padres en el
acto de la comer de la chica anoréxica y detecta las anomalías en el
seno mismo de la familia, intimidades que no relucen en el hospital de día
o en la consulta. Esto es, el ambiente donde se come, el día a día, la
actitud de los hermanos, otros familiares, si alguien sufre de alcoholismo,
intimidad que no se muestra en el hospital de día y que resulta reveladora
para la cura. “Estas
madres coordinadoras van voluntariamente a las casas, les enseñan a comer a
las anoréxicas y asisten al médico al darle un panorama que nunca se puede
percibir fuera de la casa, podría decirse que al ayudar a médicos y
pacientes, son la llave del éxito”-agrega Mabel Bello, quien atribuye un
gran porcentaje de la curación a esta red solidaria. Revertir
anorexias de curso maligno, no sólo se apoya en esta red sino en la
medicación adecuada (se usan neurolépticos que bajan la importancia del
delirio por el cuerpo, reducen el pánico a engordar). Al bajar este tenor,
se pasa a otra instancia, en que el paciente que no está bien inserto en la
realidad, ingresa en los grupos de autoayuda, al tiempo que recupera
condiciones de salud y peso. A la vez, son atendidos por un equipo integrado
por médicos, psicólogos, psiquiatras y endocrinólogos. Todo ello apunta a
modificar esa relación de padres-hijos muy complaciente o hasta un extremo
delirante, que puede costar la muerte del afectado. Existen
padres que una vez rescatados de la patología, se convierten en
colaboradores y son excelentes para ayudar a otros. No es fácil para la red
de padres auxiliares, hacer entender que se trata de una enfermedad y que no
sólo en la joven, sino en sus padres mismos, pesa más el temor a engordar
que el ansia por la vida de su hija. ¿Cuándo
puede decirse que el caso salió de la zona de malignidad? “Sin haber un cambio significativo en el peso, el caso ya salió de la zona maligna, cuando la joven empieza a hablar de su futuro y a tener proyectos”-responde la Directora de ALUBA. ¿De dónde surge el término anorexia maligna? El término de anorexia maligna es usado por varios psiquiatras donde una serie de factores hace difícil el tratamiento. Pesa más la ambición por la muerte, con una violencia inusitada en los síntomas, por eso de habla de malignidad. El paciente llega a la consulta en un estado nefasto y con un entorno que no ayuda: alguien de 28 Kg. al que se le indica que tiene que ir todos los días a cumplir un tratamiento, y a lo que los padres responden que es imposible, porque trabajan o viven lejos. “En cierto modo apañan ese desinterés y podría decirse que se trata de un grupo de gente que no busca en absoluto la vida, no encuentra lugar en este mundo y se dejan morir”-evalúa la especialista. Enseñarle
a comer a madre e hija es un terreno difícil, la madre o el padre son una
figura cercana en cuanto a la patología, y es muy llamativa su negligencia
frente a la situación. Nadie puede pasar hambre y sed sin padecer, sin
martirizarse, por lo que se concluye que una patología alimenticia es
condicionada por transmisión de varias generaciones. A
veces, puede sonar como una “folie a deux” (locura de dos) ya que la mamá
ayuda a la anoréxica a tirar la mitad de la comida para que no coma
demasiado, para no “hacerle daño” o permite que su hija elija ver o no
a su médico, aunque se esté muriendo, con la excusa
de protegerla. Pero afortunadamente no es así siempre. No
es sencillo que durante el primer mes de tratamiento la niña salga de la
zona de peligro, existe un desequilibrio biológico que hay que revertir y
si el abordaje no da resultado, se lo cambia por otro. Pero finalmente, los
padres entienden que han estado muy cerca de la muerte, superan esa actitud
y se revierte la situación. En
cuanto a la recuperación de peso, existen una técnica y arte de
realimentación, con la que se nutre a la persona gradualmente, se hidratan
defectos metabólicos, y se la alimenta con pequeñas porciones, como si se
tratase de un bebé.
¿Genética
o entorno cultural? Tendientes a padecer bulimia o anorexia, existen tipos de personalidades con características fóbicas, obsesivas, esquizoides, bipolares, depresivas. O tal vez se puede presentar sólo algún trastorno temporal, relacionado con el desorden alimentario. En general el patrón de conducta es la dificultad de comunicación y adaptación, la impulsividad extrema, el escaso contacto con los otros y la imposibilidad de insertarse socialmente. Seguramente con estas condiciones genéticas, si no presentaran anorexia o bulimia, desarrollarían otra patología. Sin embargo, no se puede soslayar que la cultura argentina del cuerpo anoréxico, “in crescendo”, incide en que estas personas predispuestas se hagan esclavas de cualquier programa que les marque que su cuerpo no es el “adecuado”, sobre todo cuando van a las tiendas más populares de Buenos Aires y abundan los talles XXS (extra-extra-pequeño). Y
donde una mujer delgada que no presenta ninguna patología alimenticia,
tampoco encuentra su talle y debe recurrir a talles “especiales”,
que no existen en las tiendas estándar y que la hacen sentir inadecuada, aún
con una sólida autoestima. Todo esto por razones de reducción de costos
para los fabricantes de ropa, que año a año achican el tamaño de los
talles y aumentan las patologías alimenticias, sin que se tomen drásticas
medidas de cambio, a favor de la salud de la población en general. Adriana Giannini Periodista especializada en ciencia y salud
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