La lipoescultura fue la solución para mí

Por Graziana Palazzo                           art. provisto por ar.gay.com


El caso que te presentamos a continuación es excepcional, porque la liposucción es una solución que se recomienda para situaciones extremas, la mayoría de las veces para personas adultas.

Los jóvenes, por estar en un período de desarrollo, cuentan con mayores posibilidades de combatir la obesidad de forma natural.
Andrés (*) es un joven colombiano de 19 años que sufrió de obesidad desde la infancia. Siempre fue de buen comer. Pero a los 10 años, cuando le cambió el metabolismo con la pubertad comenzó a engordar en forma acelerada. Contaba con un solo antecedente de gordura en su familia, su mamá. El resto, nunca se preocupó en especial por el peso.

Andrés comía de todo y sin control. Iba a la nevera para desahogarse. Vivía atrapado en un círculo vicioso. "La razón por la que yo engordé fue que picaba mucho y comía a cada ratico. Comía en cantidad y comía basura", dice largando una pequeña carcajada.

Cuando se le deformó el cuerpo ya no se preocupó más. Se sentía inútil. Una basura. Vivía encerrado.

"Estaba con una depresión terrible y no salía, o cuando lo hacía no estaba de ánimo para conocer gente porque sentía que iba a ser una pérdida de tiempo. ¿Para qué tratar de conseguir algo imposible?", recuerda Andrés.

Sus amigos de siempre "lo soportaban" dice Andrés. Lo invitaban constantemente a hacer ejercicios pero él no se sentía cómodo, estaba acomplejado "y uno cuando está en ese punto no quiere oír nada, está aburrido".

Andrés no quería hacer ejercicios porque se cansaba muy rápido. "Para los flacos es fácil decirte: 'vamos al gimnasio'. Ellos no saben lo que le cuesta a alguien gordo hacer hasta el más pequeño esfuerzo físico", reflexiona.

Las dietas no le funcionaban. "Cuando uno llega a ese sobrepeso (134 kilos) intentar bajarlos se convierte en una tortura mental, porque la pérdida de peso es muy lenta e ínfima comparada con el sacrificio que implica dejar de comer y someterse a un plan intensivo de ejercicios", reconoce Andrés.

Entonces dejó de escuchar y de registrar lo que pasaba a su alrededor. Reemplazó a sus viejas amistades (esas que le hacían sentir un estorbo, sin necesidad de decírselo con todas las letras) por un grupo que vivía sumergido en las fiestas, el alcohol y las drogas.

"Yo estaba en una nota muy mala, con gente que era muy mala. Cuando la gente está en el ambiente de las drogas y la fiesta, no les importa nada más. Allí nadie me molestaba por mi gordura. Nadie miraba a nadie. Era una desgracia", cuenta Andrés.

En un principio, recurrió a las anfetaminas y a la cocaína para matar las ganas de comer. "Yo usaba drogas hasta abusar de ellas. Ya no se trataba de adelgazar. La droga me quitaba la depresión pero cuando se me iba el efecto, la depresión me pegaba el triple", dice Andrés.

Entonces, se enteró por un primo que también padecía de obesidad de las posibilidades que ofrecía la lipoescultura. Al ver los buenos resultados que había dado la operación en su pariente, Andrés recuperó las esperanzas y se propuso salir de las drogas y de las malas compañías y lo logró.

Gracias a los contactos de su familia, pudo ponerse en manos de un especialista en Bogotá, por un precio especial. Le hicieron todos los chequeos de rigor y luego pasó a la sala de operaciones.

Le aplicaron anestesia total, algo que no se recomienda, pero que funcionó muy bien con él.

El cirujano extrajo 47 kilos de grasa del cuerpo de Andrés, distribuida entre la papada, los hombros, la espalda, el pecho, la cintura y los muslos. También le retocaron la nariz. "La gordura me había deformado los rasgos. Por eso decidí hacerme cirugía", relata Andrés.

Al despertar de la operación Andrés sintió la piel muy floja pero afortunadamente su cuerpo no lucía como una bolsa de papas desinflada. Las marcas que le dejó la operación fueron muy pequeñas "como picaduras de abeja, detrás de las orejas y en la ingle", cuenta el joven.

Su nueva imagen lo llenó de satisfacción. "Descubrí los huesos de mi cara. No saben lo importante que es eso", comentó feliz. Sin embargo, la hinchazón le duró dos meses. Recién entonces pudo sentirse cómodo con los demás.

El cambio físico vino acompañado de un cambio de mentalidad. "Ya no me provoca la comida como antes. Ahora evito los carbohidratos y todos los alimentos que tengan fertilizantes u hormonas porque todo eso engorda. Empecé a tomar mucha agua con las comidas en lugar de gaseosas; o a tomar cosas bajas en calorías o bajas en azúcar. Corté con las hamburguesas, y en caso de ir a un Mc Donald's como la carne y dejo de lado el pan y las papas fritas", afirma Andrés.

Después de la cirugía, Andrés quedó flaco pero sin músculos. Por eso se propuso comenzar un plan de ejercicios moderado pero efectivo. "Empecé a correr una hora tres veces por semana, a caminar por la cinta y levantar pesas. Me tomo un día de descanso entre ejercicios porque uno no puede estar dándole tanto a los músculos. El exceso es malo", dice Andrés.

"Yo no tenía control de la situación y debí arreglarla con cirugía. Una persona de mi edad no tendría que recurrir a una operación, pero yo no sentía que pudiera adelgazar de otra manera. Recomiendo a los chicos y chicas con tendencia a engordar o que se están encaminando hacia la obesidad que hagan mucho ejercicio y coman en forma natural y saludable", concluyó Andrés.


(*) No se suministra el nombre completo del entrevistado para proteger su identidad y darle mayor libertad para expresar sus ideas.