Aristóteles y la Gimnasia

Por Dr. José Carlos Corbatta  


Introducción:

Todos los días deberíamos revisar las paginas de la historia de la humanidad para darnos cuenta que es legitimo y hasta prudente volver a las enseñanzas de los primeros filósofos y pensadores de todos los tiempos. Grandes problemas encontrarían así su probada solución.

También deberíamos ser más conservadores en la práctica de sus principios, porque ellos se adelantaron a las consecuencias y nos dejaron aquello que es siempre valedero y productivo para la continuidad de la política, ya sea como arte de lo posible y/o como soporte de la trascendencia humana.

El “Estagirita” también hizo una incursión en la gimnástica por entenderla vital en la etapa del desarrollo de la niñez, del niño que se convertirá el día de mañana en adulto y llegado el caso, en un ser muy trascendente e importante para la polis, de donde surgirá seguramente el forjador de los destinos de sus semejantes.

 

Interpretar a Aristóteles:

El verdadero hombre libre, poseedor de un alma elevada debe buscar “siempre” en las cosas, solamente aquello que es útil y provechoso para el ser en todos sus aspectos. Las prioridades surgen a partir de interpretar primero que es necesario formar la costumbre del niño antes que la formación de la razón.

La importancia de hacerles partícipes a los niños en el aprendizaje de la gimnástica y la pedotribia, la una para darle al cuerpo vigor y gracia, la otra para prepararlo a todos los ejercicios es a veces un resorte de la maquinaria o estrategia para la vida sana y productiva.

Por aquella época, la gimnástica unía a la ciencia de los ejercicios corporales un conocimiento exacto de todas las propiedades de los mismos con relación a la salud y a la fuerza; la pedotribia se limitaba a los ejercicios mecánicos, tales como la danza, la carrera la natación, la hípica. La gimnástica era teórica, la pedotribia era practica.

 

La realidad en el tiempo aristotélico:

El amante de la sabiduría observó (propiamente en los Estados que se daban dique de velar por el cuidado de la niñez), a quienes se preocuparon por brindarles a los niños una constitución atlética que llegado el caso, rozaba la deformidad en las apariencias estética- naturales (al par de obstaculizar el desarrollo normal), y a quienes no incurrieron en ese error, pero robustecieron a sus niños para darles valor y espíritu guerrero como los lacedemonios (para constituirlos en auténticos promotores de conductas antisociales).

La receta era no buscar un único fin, un solo objeto que no da los mejores resultados ni frente al aparato militar. La realidad señalada por este fino observador de la vida, es elocuente: “En los animales y en el hombre mismo se ve que no son más valientes los más feroces; al contrario, los instintos más blandos son los que más asemejan al león”.

Sus comentarios sobre los pueblos con “instintos carniceros y antropófagos” como el de los aqueos y los heniocos (habitantes del litoral del Ponto Euxino) apuntaron a la catalogación de verdaderas hordas que desconocen el sentido real del valor. Además su pluma no dudó al aseguran que los lacedemonios emplearon su tiempo en trabajos y fatigas corporales y que por ello supieron tener hegemonía sobre el resto de los pueblos pero que en virtud de ello se habían quedado muy atrás en los ejercicios del gimnasio y del campo de batalla. Los otros pueblos no se ejercitaron nunca y por ello no superaron al enemigo, no usaron la inteligencia aplicada a la contienda bélica.

La pirámide aristotélica, ubicaba al honor por encima de la ferocidad. Los animales tienen el instinto y el hombre la desesperación que no siempre es valor. Dijo al respecto: “Los lobos y las fieras no arrastrarían un peligro por el honor; el hombre digno si lo hace. Pero los que extreman demasiado, en los niños, esta parte de la educación, los dejan en la más completa ignorancia de las cosas que es necesario saber; hacen de sus hijos verdaderas máquinas, por haber querido hacerlos útiles a la sociedad en un solo aspecto. Es ésta una cuestión en la que no se debe sentenciar por lo que pasaba en otro tiempo, sino en vista de lo que pasa hoy. Pues bien, ahora existen rivales por la educación; antaño no lo había”. Vemos que la gimnástica es vehículo de la educación y que por esta ultima se llega a la inteligencia aplicada que hace en definitiva a los hombres ejemplos de probidad.

“El hombre más perfecto concibe y logra la felicidad perfecta, compuesta de las virtudes más puras”.

 

Del modo de usar le la gimnástica:

Aristóteles no dudaba en concluir que todos estaban de acuerdo en el modo en que debía usarse la gimnástica, pero si alguien no se acordó, con su pluma así se lo recordó: “En la infancia y hasta la época de la adolescencia deben hacerse ejercicios poco fatigosos, no permitiendo a los niños alimentos demasiado fuertes ni trabajo alguno que pueda perjudicarlos en su desarrollo. Hay algo que nos prueba convincentemente que estos inconvenientes pueden darse, y es que entre los atletas que combaten en los juegos olímpicos, apenas se encuentra algo que, después d haber sido proclamado vencedor en su infancia, lo haya sido también en la edad adulta, porque los ejercicios violentos de la mocedad y los trabajos penosos les han hecho perder la fuerza que tenían. Pero cuando losa jóvenes desde la pubertad se entregan a tres años de otros estudios, conviene consagrar la época siguiente a trabajos fatigosos y a un régimen de vida regular, pues no conviene fatigar el cuerpo y la inteligencia al mismo tiempo. Cada uno de estos dos géneros de fatiga produce efectos contrarios: la fatiga del cuerpo es perjudicial para el desenvolvimiento del espíritu, y la del espíritu es nociva para el desarrollo corporal”.

Para Aristóteles la educación comprendía cuatro partes: la gramática, la gimnástica y la música, agregando a veces el dibujo.

La gimnástica debía ser comunicada a los niños porque era conocimiento y acción en su causa y para su beneficio. Se los apartaba de un estilo de vida sórdido y mecánico. Debía considerarse mecánico a todos los oficios y a las artes que alteraban las disposiciones naturales del cuerpo, como también todas las obras mercenarias, pues le quitan al pensamiento libertad y elevación.

Ser libre para elevarse el algo propio de los cuerpos y almas sanas. Y ¡cuantas personas probas necesitamos en la actualidad!

 

Comentario final:

Cuando releo a los Hombres dedicados al pensamiento profundo, me inunda un mar de virtudes que se desprenden de sus pensamientos puestos al servicio del hombre que quisieron que habite el común solar de la humanidad.

Cuanto tratamos de comunicar las riquezas de sus palabras que son también acción, chocamos a veces con la mediocridad de otros hombres que a diferencia de aquellos Hombres sobreviven y no edifican un mundo mejor.                       

En ningún momento Aristóteles se refiere al “éxito” porque no es parte de la evolución, es enemigo de la humildad. La gimnástica enseña al niño a hacer las cosas bien y esta es la virtud del ciudadano.

 

Dr. José Carlos Corbatta