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Lesiones en la rodilla durante prácticas deportivas Por : Pecci Saavedra, G.
TIPOS Las
lesiones de rodilla más frecuentes en los deportistas son: ·
Lesiones
de meniscos ·
Esguince
del ligamento lateral interno (LLI) ·
Lesiones
del ligamento cruzado anterior (LCA) ·
Luxación
de la rótula El
mejor momento para valorar la rodilla es inmediatamente
después de la lesión. Antes de transcurrida una hora desde la lesión,
puede existir ya un espasmo muscular protector. Al cabo de 24 horas puede
incluso existir un grado tal de derrame que impida una exploración
satisfactoria. Al
valorar las lesiones de la rodilla hay que comparar el lado afectado con el
sano. Si existe un derrame, será necesario realizar radiografías para
descartar fracturas. Su
médico valorará ademas el estado neuro-vascular de la pierna y del pie. LESIONES MENISCALES Las
lesiones de los meniscos ocurren a causa de un mecanismo de torsión o
rotación de la rodilla asociado a flexión intensa e hiperextensión. Los
síntomas consisten en dolor, derrames recurrentes y chasquidos, asociados a
una limitación de la movilidad. A veces los colgajos meniscales quedan
atrapados en la cavidad articular, con lo que la rodilla queda bloqueada o
"clavada". Si
estando la rodilla flexionada a unos 90 grados, aparece dolor en la rodilla
cuando se realiza una rotación externa del pie, ello es signo de lesión
del menisco interno (prueba de McMurray). Tratamiento.
Tras
una lesión de menisco, el deportista debe seguir la regla de toda lesión
deportiva: reposo, hielo, compresión y elevación. Es conveniente usar
muletas para evitar una sobrecarga de peso al andar mientras no hayan
remitido el dolor y la hinchazón. En la mayoría de los casos el paciente
debe ser derivado al traumatólogo para la reparación de la lesión
meniscal mediante artroscopia
(tubo de fibra óptica insertado en la rodilla bajo anestesia local o
regional). El
seguimiento debe planificarse de modo que permita iniciar un programa de
rehabilitación y que el paciente pueda reanudar pronto (semanas) la
actividad deportiva. LESIONES DEL LIGAMENTO LATERAL INTERNO El
ligamento lateral interno (LLI) es el que proporciona estabilidad a
la región interna de la rodilla y suele lesionarse cuando a ésta se le
aplica una tensión excesiva en valgo
(torcedura hacia fuera). Los desgarros del ligamento lateral externo son
mucho más raros y están causados por un traumatismo hacia dentro (en varo)
dirigido hacia el interior de la rodilla. Los
desgarros del LLI se suelen asociar a una lesión del menisco interno. Diagnóstico.
Inmediatamente
después de la lesión, el deportista suele ser aún capaz de andar un poco
apoyando la pierna afectada. Normalmente, en el momento de la lesión siente
dolor en la zona interna de la rodilla, y después, cuando intenta caminar,
nota como si la rodilla se "tambalease". El deportista con un
desgarro completo del LII puede referir paradójicamente muy poco dolor al
realizar las maniobras, pero al mismo tiempo el médico observa una
importante hiperlaxitud en ausencia de un diagnóstico definible. La
tumefacción o el derrame articular suelen aparecer al cabo de varias horas
de la lesión. Tratamiento.
Un
esguince de primer grado (leve) se trata con reposo, hielo, compresión y
elevación. Esta lesión suele solucionarse del todo en 5-10 días, tras los
cuales el médico puede permitirle reanudar la actividad deportiva. El
tratamiento de los esguinces más graves debe realizarlo el traumatólogo. LESIONES
DEL LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR DE LA RODILLA La
lesión del ligamento cruzado
anterior (LCA) es la patología ligamentosa más frecuente y grave
de la rodilla. Esta lesión suele ocurrir después de un traumatismo
directo; otras veces tiene lugar a consecuencia de una fuerza torsional
asociada a una lesión por desaceleración. Las lesiones se observan cuando
un deportista cambia de dirección al correr y experimenta un
"bloqueo" brusco de la rodilla. Las
lesiones del ligamento cruzado
posterior (LCP) son menos
frecuentes y graves que las del LCA. Están causadas por un traumatismo
directo en la región anterosuperior de la tibia. Por ejemplo, cuando se da
una patada a un "karateka" en la región de la rodilla mientras
tiene el pie firme en el suelo, o cuando alguien cae hacia delante con la
rodilla flexionada. Diagnóstico.
Con
frecuencia el deportista nota un chasquido al lesionarse, cae al suelo
notando un dolor intenso y es incapaz de seguir la competición. En un 60 %
al 70 % de los deportistas aparece un derrame hemático (de sangre) antes de
24 horas. Para valorar una lesión del LCA pueden utilizarse varias
maniobras, la más común de las cuales es la prueba del cajón anterior: ·
La
prueba del cajón anterior se realiza con la rodilla flexionada a 30
grados. El explorador se arrodilla junto a la parte externa de la pierna
afectada, con una mano estabiliza el muslo y, con la otra, realiza una
tracción suave, pero firme, sobre la región proximal de la tibia. Si la
tibia se desplaza hacia adelante, existe desgarro del LCA. Tratamiento.
El
tratamiento inicial de los desgarros del LCA consiste en reposo, hielo,
compresión y elevación, junto con inmovilización estricta o uso de
muletas. La rehabilitación exige el inicio precoz de ejercicios de
contracción del cuádriceps para prevenir la atrofia y favorecer el
reforzamiento muscular. En algunos deportistas son útiles las rodilleras
articuladas o de protección. El deportista debe dirigirse de inmediato al
traumatólogo, sobre todo si se observan signos radiológicos de fractura o
si existe laxitud articular, por si es precisa una artroscopia. A veces la
rehabilitación de una rodilla inestable por lesión del LCA puede llevar
meses. LUXACIÓN
DE LA RÓTULA
La
luxación rotuliana ocurre a consecuencia de un traumatismo en la rodilla o
cuando un deportista cambia de dirección y luego hace fuerza en la pierna.
Es más frecuente en los adolescentes. Tratamiento.
Si
no existen signos de fractura, puede intentarse reducir la luxación
mediante la extensión de la rodilla. A veces resulta útil dar masajes en
los músculos de la pantorrilla y pedir al deportista que se relaje, con lo
cual la rótula debe reducirse en unos minutos. Si el explorador encuentra
dificultades en la realización de la maniobra, quizás existe una fractura
o un fragmento de cartílago desplazado, en cuyo caso hay que colocar una
férula y derivar al paciente a un servicio de urgencias para llevar a cabo
una exploración radiológica y la reducción. El tratamiento posterior a la
reducción consiste en reposo, hielo, compresión y elevación, junto con el
uso de muletas si el paciente no puede caminar. La pierna debe estar elevada
mientras persista el edema y se iniciarán de inmediato ejercicios de
reforzamiento del cuádriceps (el músculo anterior del muslo) para prevenir
la atrofia. |