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Ejercicio
e insuficiencia cardíaca
Por
: Pecci Saavedra, G.
Investigaciones
en que se provocó un incremento de flujo de sangre al músculo durante el
ejercicio no se ha podido lograr una mejoría inmediata de la eficiencia
muscular, de los niveles de lactato en el esfuerzo ni de los síntomas. Esto
demuestra que el deterioro del metabolismo muscular durante la actividad física
no depende en forma aguda del flujo sanguíneo, sino de las alteraciones
intrínsecas y crónicas del músculo.
El músculo esquelético en la insuficiencia cardíaca es similar al
observado en sujetos con largos períodos de inactividad, aunque el simple
desuso no puede explicar todos los cambios presentes en esta patología.
Los cambios del músculo esquelético se correlacionan bien con la limitación
de la capacidad de ejercicio. Algunas de las respuestas cardiovasculares y
respiratorias al ejercicio están mediadas por la acción de estímulos
sensitivos que son llevados por nervios aferentes pequeños mielinizados o
no mielinizados llamados ergorreceptores (o receptores metabólicos). Han
sido estudiadas sus implicancias en la excitación simpática y el reflejo
vasoconstrictor habiéndose demostrado que durante el ejercicio contribuyen
al incremento de la respuesta ventilatoria siendo mayor este efecto en la
insuficiencia cardíaca. Si se tiene en cuenta esta hipótesis es posible
suponer, tal como ha propuesto Coats, que las alteraciones producidas en el
músculo pueden generar tanto la fatiga como la disnea. Los tratamientos que
mejoran la fatiga e incrementan la tolerancia al esfuerzo están
relacionados con mejorías a nivel muscular.
Entrenamiento
Fisico e Insuficiencia Cardíaca
observaciones
anteriores surge el concepto que relaciona la modificación del metabolismo
energético muscular con la mejoría sintomática del paciente con
insuficiencia cardíaca. Una de las herramientas con que se cuenta para
lograr este objetivo es el entrenamiento físico.
En la cardiopatía isquémica los ejercicios físicos programados
individualmente y realizados en forma periódica y crónica han logrado
disminuir la morbimortalidad y mejorar la calidad de vida. Los estudios
realizados en insuficiencia cardíaca probaron una mejoría psicofísica así
como evidencias objetivas de incremento de la tolerancia al ejercicio con
aumentos del consumo máximo de oxígeno y desplazamientos en el umbral
anaeróbico. También se ha demostrado un aumento de la variabilidad de
frecuencia cardíaca medido por la desviación standard de los RR, mientras
que en el dominio de la frecuencia se observó una disminución de los
ritmos de baja frecuencia (0.04 a 0.15 Hz) relacionados con el control simpático
del cronotropismo y un aumento de los ritmos de alta frecuencia (0.15 a 0.40
Hz) ligados al tono parasimpático. Las catecolaminas plasmáticas pueden
ser inferiores en los pacientes en plan de ejercicios.
En la División Prevención y rehabilitación cardiovascular y pulmonar de
la Fundación Favaloro (Centro de Vida Fundación Favaloro) hemos
implementado planes de ejercicio físicos para pacientes con insuficiencia
cardíaca con capacidad funcional moderada a severamente deprimida. Los
pacientes son evaluados pre y pos 12 semanas de entrenamiento con test de
ejercicio con valoración de intercambio gaseoso, variabilidad de frecuencia
cardíaca, catecolaminas plasmáticas, fracción de eyección ventricular
derecha e izquierda en reposo y esfuerzo.
El esfuerzo realizado por los pacientes es de predominio dinámico
incluyendo en las sesiones ejercicio en cicloergómetro y banda deslizante
con períodos intermedios de elongación muscular. La intensidad aplicada
corresponde a un 65 a 75% del consumo pico de O2 alcanzado en las pruebas
previas, con control de la frecuencia cardíaca que se mantiene en niveles
del 70 % de la máxima lograda en las evaluaciones.
La duración de las sesiones tiene un incremento paulatino llegando a los 50
minutos cuando el paciente está adaptado. Pasados las primeras dos semanas
se aplican ejercicios tendientes a mejorar la fuerza y resistencia muscular
así como ejercicios intervalados con períodos de mayor carga de 20
segundos y recuperación activa de 45 a 60 segundos. Las cargas aplicadas en
cada caso surgen de una evaluación previa donde se mide la tolerancia máxima
a un ejercicio rápidamente progresivo (aumento de cargas cada 10 segundos).
Se toma como intensidad máxima de entrenamiento intervalado al 50% de la máxima
alcanzada en el test. Esta evaluación se realiza cada 15 días para
objetivar eventuales cambios en la tolerancia y poder indicar mayor (o
menor) intensidad de esfuerzo.
El entrenamiento intervalado realizado de la manera descripta ha demostrado
mejoría en los síntomas y en el consumo máximo de oxígeno
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