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Ejercicio
e Infarto de Miocardio
Por
: Pecci Saavedra, G.
En
las primeras décadas del siglo xx se temía que el ejercicio físico
pudiera aumentar el riesgo de arritmias, recurrencia de infarto, muerte
súbita, aneurisma ventricular o rotura cardíaca en los pacientes que
habían sufrido un infarto de miocardio. Actualmente se considera que los
pacientes con infarto agudo de miocardio no complicado son los candidatos
ideales para la movilización precoz, que podría comenzar el primer día en
la unidad coronaria. Debería ser una actividad isotónica, de baja
intensidad, de 1 a 2 MET que viene a corresponder a una actividad como el
aseo del paciente. La frecuencia cardíaca en esa movilización precoz debe
controlarse y no superar los 120 lat/min o aumentar por encima de 20 latidos
los basales del paciente si está tomando betabloqueantes. No debería
presentar clínica de angina, disnea, palpitaciones o cansancio,
alteraciones del segmento ST, ni reducir la presión arterial más de 10-15
mmHg. Posteriormente, el paciente, al abandonar la unidad coronaria o el
hospital a los 7 a 14 días, debe aumentar gradualmente el nivel de
actividad física, hasta realizar pequeñas labores en casa en las que
empleará 2 a 3 MET, pequeños ejercicios en los que participen grupos
musculares de brazos, piernas y tronco. El mejor ejercicio físico es
caminar de forma paulatina distancias cada vez mayores. Cuando el paciente
ya realiza pequeños paseos, ya se puede pensar en realizar una prueba de
esfuerzo submáxima, antes o después del alta hospitalaria, que permita
valorar la situación clínica del paciente y ayude a estratificar su
riesgo. Sólo después de esta valoración y la posible corrección o
tratamiento que precise, puede el enfermo tras un infarto de miocardio
comenzar a aumentar paulatina y controladamente la actividad física que le
produzca los beneficios ya comentados.
Recomendaciones
La aptitud para la práctica deportiva en pacientes con cardiopatía
isquémica viene dada por el riesgo de sufrir un nuevo episodio isquémico
agudo.
Pacientes
de bajo riesgo
-Función sistólica en reposo normal (FE mayor del 50%).
-Normal tolerancia al ejercicio
Pacientes con menos de 50 años: VO2máx mayorde 35 ml/kg × min
(10 MET).
Pacientes entre 50 y 59 años: VO2máx mayor de 31 ml/kg × min
(9 MET).
Pacientes entre 60 y 69 años: VO2máx mayor de 28 ml/kg × min
(8 MET).
Pacientes mayores de 70 años: VO2máx mayor de 24 ml/kg × min
(7 MET).
-Ausencia de isquemia inducida por el ejercicio.
-Ausencia de arritmias inducidas por el ejercicio.
-Ausencia de lesiones estenóticas coronarias superiores al 50% o existencia
de una buena revascularización coronaria.
Pacientes
de alto riesgo
-Función sistólica deprimida en reposo (FE menor del 50%).
-Evidencia de isquemia inducida por el ejercicio.
-Evidencia de arritmias inducidas por el ejercicio.
-Lesiones estenóticas coronarias superiores al 50%.
En virtud de este riesgo:
1. Pacientes de bajo riesgo pueden
participar en deportes de bajo
componente dinámico y de bajo/moderado estático (IA y IIA),
debiéndose evaluar el riesgo anualmente.
2. Pacientes de alto riesgo pueden
participar en deportes de baja
intensidad (IA) , debiéndose revaluar el riesgo cada 6 meses.
3. Pacientes con un infarto o
cirugía de revascularización reciente deben someterse a un programa de
rehabilitación cardíaca antes de iniciar una actividad deportiva.
Por último, debe reseñarse que los pacientes con cardiopatía isquémica
deben olvidarse de competir, debiendo practicar un deporte saludable.
Angina
vasoespástica
Los pacientes con episodios de vasospasmo documentados en reposo y con el
ejercicio y coronarias normales sólo pueden realizar deportes de baja intensidad (IA), y deben ser revaluados anualmente.
Pacientes
receptores de trasplante cardíaco
Estos pacientes presentan alto riesgo de desarrollar lesiones
arterioscleróticas coronarias en el corazón trasplantado, por lo que es
necesario, para conceder la aptitud deportiva, un estudio coronariográfico
previo y una prueba de esfuerzo que remede la carga de esfuerzo que va a
realizar durante la actividad deportiva.
Si no hay evidencia de cardiopatía isquémica y existe una normal
tolerancia al ejercicio para la edad, pueden hacer todo tipo de deporte.
Pacientes sin cardiopatía isquémica pero con baja tolerancia al ejercicio
sólo podrán practicar deportes de baja intensidad en relación con su
capacidad física.
Pacientes con cardiopatía isquémica documentada sólo pueden hacer deportes
de baja intensidad (IA) y bajo la directa supervisión de un cardiólogo
experto en el tratamiento de estos pacientes.
ENFERMEDADES
VALVULARES CARDÍACAS
La incidencia de las enfermedades valvulares ha cambiado en nuestro medio en
los últimos años. Sin embargo, la patología valvular sigue teniendo una
prevalencia relevante en cualquier servicio de cardiología, al emerger las
de etiología degenerativa o no reumáticas y persistir con menor incidencia
las valvulopatías congénitas. A pesar de que la patología valvular es tan
común y que en la mayor parte de los casos los síntomas tienen como factor
desencadenante y limitante el esfuerzo, existen pocos trabajos en los que se
estudie la respuesta y limitación de estos pacientes al ejercicio135.
En el diagnóstico de las valvulopatías se utilizan el ECO Doppler
bidimensional y excepcionalmente el cateterismo cardíaco . Para la
valoración de la capacidad funcional no basta con la historia clínica y es
necesaria la realización de una prueba de esfuerzo , ocasionalmente
combinada con una ecocardiografía o con estudio hemodinámico , dado que en
muchas ocasiones los síntomas no son indicativos de la capacidad de
ejercicio. El registro ambulatorio del ECG tiene menos interés en la
valoración funcional, pero se ha empleado para controlar el nivel de
frecuencia cardíaca que alcanza el paciente durante la actividad física o
laboral que desarrolla al cabo del día y que puede ser el factor limitante
en muchas ocasiones. Las pautas de actuación o recomendaciones sobre el
ejercicio que se hacen a continuación se dirigen fundamentalmente a las
lesiones que tienen un grado de gravedad moderado o grave, puesto que las
ligeras asintomáticas y sin repercusión hemodinámica probablemente no
tengan en ningún caso restricción para practicar actividades físicas que
no sean de competición. Estas recomendaciones están basadas en las
propuestas por otras Sociedades de cardiología.
Lesiones
valvulares estenóticas
Las lesiones estenóticas, principalmente la mitral y aórtica, son las que
presentan una mayor repercusión clínica. Las formas reumáticas y
degenerativas tienen una evolución lenta hasta que adquieren el grado de
gravedad suficiente para desencadenar síntomas derivados del trastorno
hemodinámico que producen. Tanto en la estenosis mitral como en la aórtica
la clínica viene condicionada por una situación de bajo gasto.
Durante la realización de un esfuerzo, para aumentar el gasto cardíaco el
sistema cardiovascular responde con aumento de frecuencia cardíaca, que
reduce el tiempo de llenado y aumenta el gradiente transvalvular tanto en la
estenosis mitral como en la aórtica
.
Estenosis
mitral
En el ajuste del gasto cardíaco durante el esfuerzo en la estenosis mitral
moderada (áreas valvulares entre 1 y 1,5 cm2)
se dan tres tipos de comportamientos:
1. Pacientes jóvenes en ritmo
sinusal: la presión capilar pulmonar suele estar elevada a expensas de
una onda A prominente, la aurícula izquierda suele ser pequeña y con el
ejercicio se eleva el gasto con una elevación muy importante de la presión
capilar pulmonar con riesgo de edema agudo de pulmón.
2.
Pacientes en fibrilación auricular: tienen una presión capilar
pulmonar menor en reposo, el gasto cardíaco en reposo es normal, y elevan
menos el gradiente y el gasto cardíaco en esfuerzo . La fibrilación
auricular aislada no limita la capacidad de ejercicio por sí misma, la
limitación se debe más a la cardiopatía de base .
3.
Pacientes que han desarrollado enfermedad vascular pulmonar, con
hipertensión arterial pulmonar de carácter reactivo: tienen un gasto
cardíaco en reposo reducido y no lo elevan o lo reducen con el ejercicio.
La hipertensión pulmonar siempre es severa, y el gradiente transmitral se
habrá reducido paralelamente con la reducción del gasto. Los síntomas de
fallo derecho e insuficiencia tricúspide acompañan de forma habitual esta
situación.
Los pacientes con estenosis mitral ven, por tanto, limitada la posibilidad
de actividad física por la presentación de disnea, aunque los síntomas no
se correlacionan exactamente con la capacidad de esfuerzo o los cambios
hemodinámicos que hemos comentado durante el ejercicio, que deberían
evaluarse mediante una prueba de esfuerzo antes de tomar la decisión de
indicar la posible cirugía o la recomendación de realizar algún tipo de
actividad física extraordinaria . Wood aconsejaba a los pacientes con
estenosis mitral una actividad laboral de esfuerzo físico ligero y
descansado, de manera que cuando comiencen a desarrollarse los síntomas no
tenga que abandonar el trabajo. Con todo, se les puede recomendar actividad
física, de tipo dinámico como caminar, marcha, jogging,
ciclismo de mantenimiento, natación, esquí, golf, etc., siempre por
debajo del umbral de disnea, evitando los esfuerzos violentos. Cualquier
ejercicio de competición en estos pacientes tiene el riesgo de elevar de
forma brusca e importante la presión pulmonar con el peligro de que
desarrollen un edema agudo de pulmón. En todo caso, la disnea de esfuerzo
es el criterio clínico de indicación quirúrgica o de valvuloplastia
percutánea en estos paciente . La indicación actualmente se hace siempre
tempranamente en la evolución, a fin de evitar la enfermedad vascular
pulmonar, para que puedan desarrollar una vida normal en la que se incluya
la posibilidad de una actividad física regular.
Recomendaciones
La aptitud para la práctica deportiva vendrá dada por:
1. Los deportistas con estenosis
mitral leve en ritmo sinusal pueden practicar todo tipo de deportes.
2. Los deportistas con estenosis
mitral leve en fibrilación auri ular, estenosis moderada en ritmo sinusal o
fibrilación auricular, y aquellos con presión sistólica pulmonar en
reposo o durante el ejercicio menor de 50 mmHg pueden participar en deportes con bajo/moderado componente estático y bajo/moderado
componente dinámico (IA, IB, IIA y IIB).
3. Deportistas con estenosis
mitral ligera en ritmo sinusal o fibrilación auricular pero con presión
sistólica pulmonar entre 50 y 80 mmHg sólo pueden realizar ejercicios de bajo/moderado componente estático y bajo dinámico (IA y
IIA)60.
4. Deportistas con estenosis
mitral grave en ritmo sinusal o fibrilación auricular y con HTP severa
(presión sistólica pulmonar mayor de 80 mmHg) durante el ejercicio no
pueden participar en ningún deporte a nivel competivo.
5. Pacientes con cualquier grado
de estenosis mitral pero que se encuentran en tratamiento anticoagulante no
pueden participar en ningún deporte a nivel competitivo. A nivel
recreacional pueden realizar deportes de baja intensidad pero están
contraindicados los deportes de contacto físico.
Estenosis
aórtica
En el caso de la estenosis aórtica, áreas inferiores a 1 cm conllevan una
obstrucción a la salida del ventrículo izquierdo grave con un gradiente en
reposo importante, así como un aumento importante de la presión sistólica
del ventrículo izquierdo y del consumo de oxígeno miocárdico. La
hipertrofia ventricular izquierda se acompaña de una distensibilidad
reducida con aumento de la presión telediastólica, pero con la función
sistólica conservada. Estas alteraciones de la función diastólica pueden
ser un mecanismo inicial que explique la intolerancia al ejercicio de los
pacientes con estenosis aórtica. En
la fase de dilatación y disfunción sistólica se produce un aumento de los
volúmenes telediastólico y telesistólico, disminución de la fracción de
eyección, aumento de la presión diastólica, y una disminución paulatina
de la presión sistólica, del gradiente transaórtico, y con ello del gasto
cardíaco.
En la estenosis aórtica moderada y grave, el mantenimiento del gasto
cardíaco durante el ejercicio se realiza a expensas de poder aumentar el
gradiente transvalvular. Es en este período cuando se producen los
síntomas más importantes durante la realización de esfuerzos. La angina
de esfuerzo se produce por un aumento de demanda miocárdica en un
ventrículo hipertrófico y con mala perfusión subendocárdica, lo que le
hace vulnerable, hasta el extremo de describirse infartos de miocardio
subendocárdicos en pacientes con estenosis aórtica grave sin lesiones
coronarias durante la realización de esfuerzo . El síncope y los mareos
durante el esfuerzo se producen por varios mecanismos, el primero por la
vasodilatación periférica secundaria al ejercicio sin aumento suficiente
del gasto cardíacoo por la excesiva estimulación de receptores en el
ventrículo izquierdo producida por la alta presión transmural . En segundo
lugar, por la imposibilidad del ventrículo izquierdo de aumentar la fuerza
de eyección contráctil y, por último, por el posible desencadenamiento de
arritmias durante el esfuerzo. El esfuerzo brusco y extenuante puede
desencadenar en estos pacientes la muerte súbita.
Cuando se produce el fallo ventricular izquierdo, la posibilidad de aumentar
el gasto cardíaco con el ejercicio se encuentra limitada. El síntoma más
importante en esfuerzo en esta situación es la disnea, que marca el
agravamiento del pronóstico del paciente. En algunas ocasiones es posible
detectar la alteración en la función ventricular izquierda precozmente
estudiando su función por ecocardiografía de esfuerzo. Por tanto, en la
estenosis aórtica la recomendación de actividad física dependerá de la
fase evolutiva, pero siempre con la precaución de que el ejercicio ha de
ser moderado, no extenuante, dinámico, y sin que se sobrepase una
frecuencia de 120 lat/min o aquella capaz de producir síntomas, aunque se
han descrito casos de pacientes deportistas con estenosis aórtica
asintomáticos .
Al igual que en la estenosis mitral todo paciente con estenosis aórtica
sintomática tiene indicación quirúrgica de sustitución valvular previa a
la realización de un programa de ejercicio. En ocasiones, a pesar del
riesgo que tiene realizar una prueba de esfuerzo a estos pacientes, se les
realiza antes de la cirugí . Tras la cirugía podrán desarrollar una vida
normal, libre de síntomas, con las precauciones de un paciente con
estenosis aórtica leve, y en algunos casos es posible desarrollar esfuerzos
importantes tras adecuados programas de entrenamiento .
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